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MUNDIAL Comentarios (0) Miercoles, 28 d Junio d 2006 por Javier Stanbrok en opinión


MUNDIAL Y DIEZ
Corría el año 1998, todavía no se había jugado el Mundial de Francia. En Corigliano Calabro, a orillas del Adriático, alguien bajaba la persiana de un taller de reparación de motos. Chirriaba.
“Eh, tú, chico”, voceó un individuo desde la otra acera. El bambino que acaba de bajar la persiana a lo suyo: puso el candado y escupió al suelo.
“Eres sordo o qué”, le espetó el individuo. El bambino se rascó la mejilla y se giró. Levantó la vista y vio a un tío bien vestido, bien calzado, bien afeitado, en la mano unos billetes grandes. Bien.
“¿Sabes jugar al fútbol? Bueno que más da. Monta en ese coche. Nos falta uno. ¿Cómo te llamas”, le preguntó el pavo.
“Gennaro, me llamo Gennaro. Pero todos me conocen como el Gattuso”.
“Gattuso, Gattuso… Estupendo. Tú llevarás el diez. El ocho para Francescco, el diez para ti”.
“No, para nada. Yo llevaré el ocho. El diez lo puede llevar su puta madre”.
“Vale, vale… El ocho para ti. ¿Tienes botas?”
“¿Valen estas?”
“Uuhh, no sé. Bueno, creo que pita el padre de Paolo. Hará la vista gorda, seguro”.
“Ese semáforo se lo puede saltar”.

“Y eso es la pelota”, le dijo el alineatore.
“¿Y eso?”, pregunto Gennaro.
“Eso es el maletín de los primeros auxilios”.
“¿Y el de los segundos?”
“No te entiendo muchacho. Arréglate ese pelo que no pareces de los nuestros”.
Piiiiiiiiii.
“¿Y ese chico?”, preguntó alguien.
“¿Qué chico?, veo veintidós”.
“El que suda grasa, ¿de dónde lo habéis sacado?”
“Se llama Gattuso. Y arregla motos”.
“¿Motos?”
“Sí, motos, motos robadas”.

PARA ESCALEXTRIC, DESDE SANTA CRUZ DE LA PALMA, HENRY FRANCILLON

MUNDIAL VI Comentarios (0) Martes, 27 d Junio d 2006 por Javier Stanbrok en opinión

ITALIA, SUS COSAS
Italia volvió a ganar como nos tiene acostumbrados: por los pelos. Los italianos (cualquiera de ellos podría regentar una trattoria, sólo Gattuso podría serlo de una tractoria) saltan al campo y se dicen: “Tranquilos chicos, no hay ninguna necesidad de ponerse a jugar”. Podemos esperar”. Y esperan. Y desesperan. Pasan 45 minutos. Nadie espera 45 minutos a su chica, a su chico. Los italianos se van al vestuario, se cambian de camiseta, se arreglan el pelo y con unas pinzas se repasan algún posible pelo que asome en la pantorrilla. El árbitro les urge: “Todavía queda una segunda parte, caballeros”. Y los italianos saltan al campo, se rascan la nuca y señalan con una tiza su porción de territorio. “Tranquilos chicos, no hay ninguna necesidad de…”
La pelota va y viene. El equipo rival se crece. Ilusos.
El tiempo pasa. As time goes by.
Un funcionario de la FIFA señala el tiempo de descuento. “Tranquilos chico, no hay…” En la grada, un tipo con el bigote muy fino enciende un puro. Es el momento. 59 segundos, 58 segundos, 57, 56… El árbitro mira su reloj. Maldice entre dientes. “Estos cabrones…” Un italiano espigado se interna por el carril del 3. Regatea a uno, a dos… La última vez que regateó a dos fue con una pelota de plástico. Penalti. Penalti. Pena máxima. Efectivamente, por el garrote vil pasaba yo a la selección italiana de qué. Hay que joderse.

DESDE DRESDE LUIS JOSE DORMITORIO

DICHO Y HECHO Comentarios (1) Miercoles, 21 d Junio d 2006 por Javier Stanbrok en ilustración

DICHO Y HECHO. LIBROS Y CARTELES ANÓNIMOS.
cartel del festival de cine de huesca
Alejandro Magallanes expone en Huesca, hasta el 9 de julio. Es una suerte. Magallanes es mejicano, un joven mejicano que inventa chistes y carteles con el aroma del México más racial. Más carteles que chistes, afortunadamente. El cartel del 34 festival de cine de Huesca es suyo. Unos labios “estampados” sobre un ojo contrarresta toda la fuerza del resto de la imagen frágil de un adán, con cierto parecido al propio autor. Un soberbio puñetazo en el ojo. “Para qué aprendas, so idiota. Co”.
El responsable de los textos que se leen en el catálogo, que se ven en los paneles de la exposición son de Grassa Toro. El comisario de la misma es el gran Isidro Ferrer, con lo que la calidad está asegurada. La exposición está alojada en el Museo Provincial. Hay que cruzar un patio interior en el que se recomienda tomar algo de aire, antes de traspasar la puerta de la galería. En ese momento te das de bruces con la cartelería de Magallanes. Sin cruzar el estrecho, sólo el arco que facilita el acceso.
Carteles y más carteles. Literarios, cinematográficos, musicales, sociales… De toda condición: sutiles y estilistas, bravos y efectistas, irónicos, perturbadores, especulativos, fronterizos, étnicos… También hay alguna ilustración para libros infantiles, para portadas de cedés. Y, como no, retazos de libros de compañía (qué envidia el poder reflejar el estado de ánimo no con palabras y sí con imágenes).
Y por poner un pero: la tipografía en alguno de los carteles. Tal vez Magallanes le preste más atención a la imagen. Pero las letras también son imágenes. También.
DANIEL JOSE SPARWASSER

MUNDIAL V Comentarios (1) Lunes, 19 d Junio d 2006 por Javier Stanbrok en opinión

MUNDIALES V

JUAN
Juan es uno de los centrales de la selección brasileña que está jugando (nada bonito) en Alemania. Juan, a secas. De color negro. Juan es serio, muy serio. Nada que ver con Roberto Carlos o con Cafú que se ríen de cualquier cosa. Juan se limita a hacer bien su trabajo, sin alharacas. Si hay que despejar con la cabeza salta y cabecea, si hay que acudir al corte acude y se lleva el balón. Juan. Si hay que meter la pierna jugándose el físico, Juan mete la pierna y el posible peligro se corta de raíz. Juan.
Juan es Juan. Ni Alberto Juan, ni Juan Leandro, ni Juan Pulipinho, ni Juan Da Souza Nacareas. Juan.
Su compañero de espacio en el terreno de juego es Lucio. También es nombre propio, pero no es lo mismo. Lucio tiene cara de pez, con ese nombre cualquier cosa. Para bien o para mal. “Vaya pifia la de Lucio”. “Qué golazo el de Lucio”. “Qué gran bolea al palo, Lucio regateó y…” Con Juan no. Con Juan no ocurre nada de eso, con Juan se dice. “Tranquilos Juan está cubriéndonos las espaldas”. O: “Juan sube a rematar el corner”.
Juan se limita a hacer su trabajo. La camiseta impoluta. Juan.
Cuando el partido acaba, casi siempre su equipo gana, Juan se ducha y se va a su casa. Arroja la bolsa sobre el entarimado, sube la persiana, que la luz entre, se sienta en un sillón orejero y lee. A Salvador Elizondo, por ejemplo.
DESDE DRESDE JOSE LUIS COMEDOR

MUNDIAL Comentarios (0) Viernes, 16 d Junio d 2006 por Javier Stanbrok en opinión

CRONICA DEL MUNDIAL III.

El mundial de Alemania ha superado la primera ronda de partidos. Incluso hay selecciones que han jugado un segundo partido. Y ya hay equipos con las maletas hechas, prestos a ser devueltos a sus países de origen. Paraguay, por ejemplo. Pobres paraguayos, nos le ha votado ni Luxemburgo, ni Estonia, ni Andorra… ¿Ganaría la Cultural Leonesa (grupo II de la Segunda B) a la Selección paraguaya?
Paraguay a casa. Esos jugadores cabizbajos entrando en el hotel.
“Qué, para casa ¿no?”, les dice el subalterno del hotel, con cierta mofa, al lado de cierta moza.
“Hawai, Paraguay… son dos paraísos…”
La FIFA es muy injusta, no lo digo yo, lo dice Johhansen Mortirfek, secretario de la OFFU.
Este señor afirma, cosa que suscribo de pepe a papa, que la Copa Mundial se debería jugar cada 15 meses y al mejor de cinco partidos (uno por continente) entre solo dos equipos Brasil y otro. Ese "otro" se sacaría de una serie de datos que se introducirían en un ordenador muy potente.
Esos datos se pueden encontrar en la página web de la OFFU: hhtp//www.alloffu.com.
Así que una vez visitada esta página (bonito diseño) y recopilando los datos oportunos y necesarios, pongo por escrito el resultado de mi consulta.

MUNDIAL 2007, a jugar en el mes de septiembre: BRASIL – SAN MARINO.
Los de Brasil son los amarillos.

Desde Dresde José Luís Comedor.

A seguir Comentarios (0) Jueves, 13 d Abril d 2006 por Javier Stanbrok en libros Leer más...

Mi madre es de esas que todavía muele el café en casa, en la cocina. No se fía de los paquetes de café ya molido.
Un día le pregunté por qué y se encogió de hombros.
-¿Tienes miedo a que te puedas encontrar una uña de ratón dentro? -le pregunté. Ni una palabra de respuesta. No está bien que los padres no contesten a las preguntas de los hijos.
Mi madre muele el café y pone la radio. La radio no va a pilas. Está enchufada a la luz. Giras una ruleta negra (Clic) y regulas la voz que sale de dentro. La regulas por el oído, no por las rayitas, como con el mando a distancia del televisor. La ruleta del dial no se pude mover: está estropeada. Se quedó fija en una emisora que sólo emite canciones y más canciones cantadas en español. Y noticias a la hora en punto.
Un sábado papá desenchufó la radio y la desmontó. La radio en dos. Como las naranjas. Zumo de radio.
-¿No puedes moler el café en otro momento? -se quejó papá. Mamá dejó el molinillo con el grano a medio moler sobre la encimera.
-Como guste el señor –respondió mamá.
-Me pone nervioso el ruidillo ese -se excusó papá.
Yo estaba sentado en un extremo de la mesa. Papá en el otro. Operando el aparato. Una operación a corazón abierto. Aquello no era tan fácil como papá había previsto. Con la ayuda del destornillador, papá operaba inútilmente. Nunca he visto que papá arreglase nada. Todo lo contrario a mi tío Rafa. Mi tío Rafa es un manitas. Arregló el filtro del lavavajillas, el deuvedé, la cisterna del baño y el timbre de mi bicicleta. “ring, ring”, es la única bicicleta del barrio que tiene timbre.
-¡Que me aspen si no arreglo esto! -exclamó papá.
Pues lo deberían haber aspado.
Aspar: clavar en una aspa a una persona.
A papá le sobró un tornillo. Un tornillo poco más pequeño que una uña. Una uña de ratón.
Así que el dial del transistor (así llama mi abuelo al aparato de radio) quedó clavado en el 102, 5 de la frecuencia modulada.
-Nada, que no hay manera -se quejó papá. Volvió a juntar las partes y la radio volvió a ocupar su sitio con un tornillo de menos.
Mamá siguió moliendo café. Echó un poco en la cafetera y la puso sobre el fuego. Pocos minutos después el aroma del café inundó toda la casa.
Mamá rodeó con las palmas de sus manos la taza. De la radio salía e una canción de cuando ella era joven, de cuando conoció a papá. También salía una voz de duende. Decía: “me falta un tornillo. ¿Alguien lo ha visto? La música acabó y una voz muy seria dijo que muy pronto llegarían las noticias de las nueve, las ocho en Canarias.
Un día, nada más comenzar el curso, en el que mamá no estaba en casa (estaba en el pueblo cuidando de mi abuelo que tenía un dolor no sé dónde) papá abrió un paquete de café ya molido. Lo abrió y lo vertió en el bote donde mamá guarda el café.
-Déjamelo echar a mí -le pedí.
Papá me alargó el paquete y yo lo vertí. Con cuidado, lentamente, esperando ver, por fin, una uña de ratón, o un diente de, o una oreja...
-¡Eeeeeh!
Me pareció que algo metálico había caído. Ya no vertí más. Aparté el paquete, cogí el bote y vacié el contenido sobre un plato hondo. Estaba inventando el reloj de café. Cayó enseguida, hizo clic sobre el plato. ¿Un diente, un ojo de cristal, una uña de ratón...? Un tornillo. Un tornillo metálico como el que le había sobrado a papá el día que intento arreglar el aparato de radio. Uno y dos.
Se lo enseñé a papá. No se lo creyó.
-¡Cómo van a meter un tornillo en un paquete de café molido! Anda, no enredes más y pon todo el café dentro del bote. Y ten cuidado no lo vayas a derramar fuera. Y date prisa que se nos hace tarde.
Me guardé el tornillo en uno de los bolsillos de mi pantalón. En el que llevo los pañuelos de papel no, en el otro.
Papá comprobó que la llave del paso del gas quedaba cerrada y salimos de casa.
Cuando días después mi mamá regresó del pueblo, el bolsillo de mi pantalón tenía un agujero que cabía un dedo. Un dedo mío. La punta del tornillo comenzó a romperlo, yo seguí.
Me metía el dedo y escarbaba y escarbaba. Así hasta que al final mi dedo rozó mi piel. Ocurrió en clase. Papá estaba en su trabajo, mamá en el pueblo, yo en clase y el cielo un tanto nublado. Mi maestro explicaba algo en la pizarra. Clic.
El tornillo cayó al suelo. Al lado del pie izquierdo de Diego Carrascosa. Bajó su cabeza, vio el tornillo y lo pisó. Me miró. No era una mirada ni fría ni cálida. Era la mirada de Diego Carrascosa.
-¿Es tuyo? -me preguntó con los ojos. Asentí con la cabeza. Sonrió y arrastró su pie hacia él. Diego Carrascosa no es uno de mis compañeros favoritos. De acuerdo, es el mejor delantero que tenemos en el equipo, pero sólo eso. Además, es más alto que yo. Y tiene unas zapatilla Puma.
Cuando acabó la clase, Diego Carrascosa todavía tenía el pie sobre el tornillo. Como si ocultara la colilla de un cigarrillo. Se puso en pie y me dijo o me preguntó:
-Se te ha caído un tornillo -Y rió.
-Dámelo.
-No. Te lo cambió por tu goma de borrar, la que te trajo tu tío de México. Esa que huele a papaya.
-No es papaya. Es aguacate -le respondí.
-Y tú, ¿cómo lo sabes?
-Porque lo sé. Porque el dueño de la goma soy yo.
-Me lo cambias ¿o no?
Todos habían salido de clase, camino del comedor. No respondí. Diego Carrascosa me puso la mano en el hombro. Me giré, sujetaba el tornillo entre el dedo pulgar y el dedo índice. Inclinó la cabeza invitándome al trueque.
-No es mío. Es el tornillo de un pez gordo -le contesté y seguí caminando, con la goma con olor a papaya (sí, era papaya, pero no quería darle la razón a D. C.) en el bolsillo que no estaba roto. Sin saber porque le había dado esa respuesta. “¿Un pez gordo?,
-¿A qué te refieres con eso del pez gordo? –me preguntó poniéndose a mi par.
-¿Has escuchado alguna vez el cuento de El soldadito de plomo?
-Sí, millones de veces. Es ese que es de plomo y se derrite...
-Ese.
-¿Y?
-Pues que el soldadito cae a una alcantarilla. Y allí las aguas sucias lo arrastran al mar. Y en el mar se lo traga un pez. Que pescan al pez, que venden el pez en el mercado, que lo compra una señora y lo mete en el horno, y cuando lo corta para servirlo aparece el soldadito de plomo que se lo había tragado un pez. Un pez gordo.
-¿Me quieres decir que el tornillo lo encontraste dentro de un pez?”
-De un pez que tomaba café -le contesté y aceleré el paso.
D.C. se paró en seco. Miró el tornillo y lo lanzó al patio del recreo. El tornillo pegó en el suelo y se coló en una de las alcantarillas de hierro fundido.

QUE OTRO SIGA....... Pues yo mismo continuo (Nixon)

En ese mismo instante le hubiese pateado la cabeza al jodido Carrascosa.
Pero solo agache la cabeza, y seguí para delante. Como si la cosa no fuese conmigo. El gallito comiendose su orgullo.
Es mejor no enfrentarse con alguien cuando sabes que vas a perder.
Es como ganar de antemano.

Durante el trayecto de vuelta a casa, no paré de darle vueltas al tema de Carrascosa.
Por que coño era un cobarde y siempre me faltaban huevos en los momentos decisivos. Al final mi padre iba a tener razón con lo de marica. La gente con huevos no piensa tanto chaval.

Cuando entré en casa no había nadie. Bueno, una nota firmada por mi padre. Con su perfecta caligrafía que dejaba claro lo poco que usaba el papel y el lápiz.
En la nota ponía "Estoy en el pueblo del aguelo, con tu madre. El aguelo se esta muriendo".
No tuve ninguna sensación, nada.
Fui a la nevera, cogí una manzana y encendí la radio. Después me bebí un vaso de leche, sola, del tiempo, sin café. Todavia era demasiado pequeño para tener que fingir que me gustaba el café y la cerveza.
En la nota también ponía que a mitad de tarde fuese a casa de mi tío, el que arreglaba todo, que me llevaría al pueblo de abuelo.

En el camino hacia el pueblo, mi tía no paro de joderme con sus preguntas. Mi tía era de esa gente que siempre esta preguntando cosas. Nunca me había caído bien y por lo que veía, yo a ella tampoco.
Mi tío no dijo ni una sola palabra en todo el viaje. Yo tampoco hable mucho, a pesar del interrogatorio. Mi tío podía arreglarlo todo, todo excepto que su mujer se mantuviese en silencio.

Al fin llegamos. Tantas curvas y tantas preguntas me habían revuelto el estomago. Ya casi era de noche.
Todo el mundo hablaba bajo. Mis padres no me dejaron entrar a ver a mi abuelo. Decían que era para que me quedase un buen recuerdo. A mis primas las mellizas, Paula y Raquel, tampoco les dejaron entrar.

QUE OTRO SIGA

GANA CÁMBRILS Comentarios (1) Domingo, 02 d Abril d 2006 por Javier Stanbrok en opinión

SE ROMPIERON LOS PRONÓSTICOS: PERDIÓ CÁMBRILS
Oxford se lleva la victoria a pesar de que Cámbrils era favorito
La embarcación de Oxford ha roto con autoridad los pronósticos que daban a la de Cámbrils como favorita y se ha llevado de manera clara la 152 edición de la clásica regata entre ambas Universidades que se disputa anualmente en el río. Oxford obtiene así su quinto triunfo en los últimos siete años y revalida la victoria del año pasado. Además, se acerca a su rival en el balance histórico (73-78).
Las difíciles condiciones meteorológicas beneficiaron a una embarcación de Oxford más ligera y que cubrió el recorrido en 18:25.
Hubo momentos en los que ambas embarcaciones discurrieron muy cercanas, quizá demasiado, pero el endurecimiento del viento sepultó las ilusiones de Cámbrils

DESDE SALOU: DANIEL BERTONI

YA ES PRIMAVERA Comentarios (0) Lunes, 20 d Marzo d 2006 por Javier Stanbrok en opinión

MÁS FELIZ QUE NUNCA

Hoy he llegado a casa más feliz que nunca. Más feliz, incluso, que aquel 20 de septiembre de hace dos años. Dos camino de tres.
Y todo porque mi jefe me ha llamado a su despacho y, una vez allí, me ha dicho: “Tamames (yo me llamo Sepúlveda, pero por lo que sea mi jefe siempre me ha llama así), Le voy a subir el sueldo un trescientos por cien. Estoy, estamos muy satisfechos con su trabajo, por su diligencia y porque nunca le han capturado los indios. Y tome este puro, ¡pardiez!, que no se diga”.
Mi jefe ha dicho esto, se ha levantado de la silla y ha mirado por la ventana. La lluvia caía mansa como un arroyo de montaña.
“Y ahora mismo voy a hablar con mi amigo que trabaja en la NASA para que lo manden a la Luna, o a Saturno”.
“No se moleste”, le he replicado.
Pero mi jefe es así. Desprendido. Así que con su único brazo ha descolgado el auricular y le ha pedido a su secretaria que le pusiera con mister McCheever.
Qué amistad entre el americano y mi jefe, qué amistad. Hablaban de sus viejos tiempos, del verano que pasaron en Cangas y de algo más que no he acertado a entender. El caso es que aquí estoy, esperando que me llamen de la NASA para tomarme medidas y mandarme a un nuevo planeta que acaban de descubrir. Como les digo: estoy más feliz que nunca.

DANIEL CAMBON

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