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Competición. 1 Comentarios. Sabado, 08 d Mayo d 2004 por morbido en opinión

Me han educado en una sociedad competitiva, o compites o estás fuera. Había dos tipos de niños en el colegio, los que jugábamos al fútbol y los pardillos (marcados estos últimos de forma irreversible para el resto de sus vidas), el simple hecho de jugar al fútbol implicaba un respeto por parte de los demás pero si eras bueno tu crédito era ilimitado, si había alguien que jugaba mejor que yo tenías tres soluciones: llegar a ser mejor que él, romperle una pierna o jugar siempre en su equipo.
En el instituto había que ser un cafre y un salido sino estabas perdido porque en la jungla de la educación pública mantener tu parcela de terreno era absolutamente imprescindible, sobre todo para aquellos que en el colegio jugábamos bien al fútbol y estábamos acostumbrados a ser respetados. Si por algún motivo notabas una poco de menosprecio tenías que ganarte, a toda costa, el respeto de nuevo con cualquier macarrada, a ser posible algo sobre la chica fácil del instituto, eso nunca fallaba porque fuese verdad o no, nadie dudaba de ti, ni siquiera ella.
En la universidad había que ser el más moderno de los modernos, o eras de los guays o no eras. Primero llegó el pop y empecé a comprar un montón de chapas, camisetas de colores, unas gazelle, cabezales de chándal, cualquier prenda con tres rayas y la palabra adidas bien a la vista se cotizaba muy alto en el mercado de las miradas furtivas entre pose y pose. Todo tipo de artilugios más propios de niños que de universitarios estaban a la orden del día. Me compré unas gafas rojas porque lo decía vacaciones y todo empezaba a ser superguay y megamaravilloso cuando sonaba la casa azul, todos los movimientos estaban milimetrados para ser lo más afeminado posible para ser diferente como ellos y me dejé el flequillo de rigor que me venía estupendamente para bailar al amanecer con sonrisa de playmobil.
Pero entre chupa chups y petazetas esto también pasó y llegó el electro y la fase que jamás acabará de negación de un pasado pop, sólo escuchaba música con base y en inglés. No sé que fue antes, la llegada de las drogas o el cambio de las guitarras y los bajos por bases y sintes, la cuestión es que todo cambió. En cuestión de semanas desaparecieron los discos de le mans y los planetas para escuchar fischerspooner y miss kittin, y me aprendí nombres horrorosos de diyeis. Mi vestuario se transformó de nuevo, los pantalones caídos con bajos roídos y calzoncillos al aire, cinturones con tachuelas, zapatillas de colores sucias pero eso sí, conservando los cabezales porque todavía molaban. La fase electro sufría un estado de involución en cuestión de ruido y base hasta llegar el momento en que no sabía diferenciar el drum’n house del electro Detroit y el sonido brass. En medio de esta confusión aparecieron las raves , donde la palabra degeneración encontró definición, y los locales mugrientos para continuar la fiesta y el único objetivo finde tras finde era competir por ver cual duraba más, hasta que los fines de semana ya no eran viernes-sábado sino jueves-domingo.
Ahora llega el momento de ser un trabajador y en el mundo del curro la forma de ganarse el respeto y seguir compitiendo implica ser un rastrero sin parangón y dejar los escrúpulos en casa para ser el trepa más trepa y así seguir la evolución social. Pero ahora ya no sé si es que he madurado os es que me siento manzana podrida (no creo que por exceso de madurez) y ya no quiero competir, me bajo del carro.......al final tendrán razón los violadores del verso.........competición no hay.

BETTY BOOP, 09 May 2004 10:48

Parece que alguien se a bajado, o por lo menos lo intenta, del maldito carro que la sociedad impone. Mi enhorabuena.

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